TODOS PONEN, TODOS COMEN

Por Francy Carranza

 

Sentarse a la mesa es un acto tan cotidiano que nos hemos olvidado de su importancia. Comer, conversar, compartir. Desayunar, almorzar, cenar. La mesa es un lugar para socializar, para intercambiar ideas, para hacer planes o comentar lo que ocurrió en el día. La forma como se come y cocina refleja, en últimas, las jerarquías y patrones culturales. ¿Quién se sienta a la cabeza de la mesa? ¿Quién cocina? ¿Quién sirve?.

 

El espacio artístico que Adriana Ramírez  propone con su proyecto SIGUIENTESCENAS reúne a varias personas alrededor de una cena que deben no solo compartir sino negociar. Las personas deben entonces empezar a hablar con un completo extraño sobre sus gustos, sus alergias, sus problemas digestivos. Es entonces que los gustos disímiles y distantes empiezan a armarse como un rompecabezas cuya forma final en últimas importa menos que la indispensable participación de todos en la escogencia, preparación y disfrute de los alimentos.

 

Y es allí donde encuentros improbables ocurren: una persona empieza hablar de su secuestro. De repente otro de los invitados interpela: “Ah, sí, eso fui yo”. Pudo ser coincidencia, pudo ser el destino, pero luego de muchos años secuestrada y secuestrador se encontraron en la misma mesa. Las circunstancias ya no son las mismas, el desmovilizado pide perdón y luego empieza a hablar de la historia de su incorporación a la guerrilla, su desmovilización y la reciente muerte de su padre.

 

Los participantes en la cena son personas disímiles: hay quienes han participado del conflicto o han sido víctimas de él, pero también asisten aquellos que no conocen ni han sentido los embates de la guerra. Todos ponen sus experiencias, pero todos cenan en paz; sin olvidar el pasado pero sin vivir atados a él. Un ejercicio que justamente se presenta como metáfora para construir un país en paz.