En primer lugar, quiero manifestar mi agradecimiento a los creadores de este proyecto por la iniciativa y por hacerme participe de esta experiencia que sin duda me marcó. De igual forma a los asistentes a este taller por permitirme conocer y aprender de sus realidades.

 

Haber participado en la cena que se llevó a cabo en la zona de talleres de El Museo de Arte del Banco de la República y otras Colecciones, fue en un principio algo inesperado, ya que suelo frecuentar este lugar y generalmente el tipo de actividades que allí se desarrollan están diseñadas para niños o en su defecto están muy ligadas a trabajos de tipo manual. En el caso de “SIGUIENTesCENAS”, me sorprendió gratamente el hecho de que los asistentes ajenos a este proyecto fuéramos muy pocas personas y que además esto no fuera impedimento para que se llevara a cabo, sin contar además con que en el espacio mencionado, habitualmente se organizan talleres ceñidos a unas pautas o pasos fijos que deben seguirse y que ya están previamente establecidos, razón por la cual, fue agradable haber encontrado en esta actividad algo totalmente diferente y salido de los parámetros regulares.  

 

Por otro lado, aunque tenía conocimiento de que el taller además proponía esta cena de un modo muy “casual”, también era consciente de que en algún momento tocaríamos el tema del conflicto armado en Colombia desde la experiencia de quienes habían sido participes de una u otra forma. Personas que indudablemente tienen una visión más amplia de la situación social del país por encontrarse cara a cara frente a esta situación. Esto ocurrió cuando al grupo se empezaron a unir personas con opiniones o puntos de vistas diferentes y que hicieron de la conversación algo más nutrido e interesante, que más allá de estar interesadas en una cena, estaban interesadas en compartir y discutir sobre la situación de su vida después de desertar de grupos insurgentes ubicados en diferentes zonas del país.

 

Sin duda, el punto de vista que yo tenía frente a este proceso está muy alejado de la realidad que se me reveló aquel día, pero en ese momento, no sólo me abrí a la posibilidad de intercambiar palabras y enterarme de cosas que desconocía, sino también de ver el interés de la gente que participa por compartir su realidad y demostrar que la imagen que se ha mostrado del conflicto se encuentra tergiversada desde muchos ángulos. De esta manera, me llevé de este ejercicio la certeza de que muchas de las personas que deciden desertar de estas organizaciones, asumen su realidad y la enfrentan de distintas maneras como lo pude ver en el espacio de discusión que se generó en este taller. Así mismo, me quedo con la satisfacción de que personas como yo, que desconocen de estas realidades.

 

Quizá lo que me mantuvo un poco silencioso y sin ofrecer muchos aportes, fue precisamente el descubrir que en ese mismo espacio habíamos confluido personas como yo, pero con una gran diferencia, y era desafortunadamente la de haber sufrido, por ejemplo, las secuelas de un secuestro ya fuera como víctima o victimario, y que frente a estos testimonios no había cabida para juzgar, para reproches o prejuicios, sino más bien para vislumbrar que aquel espacio se había dado con el propósito de que ambas partes del conflicto pudieran esclarecer diversos episodios, enfrentar las realidades y así poder generar sino un ambiente de perdón, un ambiente de reconocimiento y cuanto menos de un abrazo o de un compartir frente a un humeante chocolate entre las manos.

 

Reciban de mi parte un cordial saludo e infinitas felicitaciones por este proyecto tan diciente.

 

 

Juan Escobar.