"Llegar a la cena con muchas expectativas, no tanto deseando alimentar el cuerpo, como el espíritu, el corazón, las ideas..."

 

Queriendo encontrarme en medio de la diversidad y contamplando sin demasiada información previa, los multiples rostros de la guerra y de nuestro sufrido país, Colombia. Comenzar un intercambio de miradas, leyendo el contexto desde el arte para la vida. Me encuentro fluyendo en un tejido de relaciones múltiples, donde cada uno es lo que es, fue lo que fue y está allí, en su presente, ocupando una silla especial.

 

La comunicación vibra en frecuencias diferentes, tal vez desde el dolor, desde la calma, desde el silencio más profundo; adquiere matices intensos, otros más suaves y algunos, tal vez imperceptibles. Siento deseos de conectar aún más, compartiendo un trozo de pan, un chocolate, un pandebono, no se me ocurre cómo más. Descubro luego que no necesito decirlo para que ya esté sucediendo, no requiero nombrarlo para que ya sea, pues el esfuerzo es inecesario, aún más allá de las palabras las cosas pasan y el movimiento cósmico sigue su curso en la dirección correcta, ¡perfecta!.

 

Camino un poco en compañía de relatos nuevos nunca oídos, experiencias desde la selva virgen que tal vez nunca conozca, tristezas con las que nunca me crucé en mi andar de psicóloga, de mujer, de colombiana.

 

Es un encuentro único, admiro su sencillez y a la vez, su complejidad. Separados por un nombre, una clase social, una profesión, una pregunta, convocados allí, bajo una necesidad compartida: ser con otros, ser para otros, nutrirme con otros.

 

Recibo esta invitación como un gran regalo al que tuve el privilegio de asistir. El objetivo se cumple y me siento ahora con más fuerzas y motivos nuevos, el viaje continúa y espero volver a encontrarme a estos comensales en otro escenario, para que el tejido crezca, para que la vida se expanda hacia la dirección que señale nuestro corazón.

 

Tatiana Fierro