La experiencia de asistir a una cena con una actitud abierta a la sorpresa de lo que suceda y también a conocer otras personas, se acerca a lo que he vivido cada vez que exploro un nuevo camino en la montaña: El inicio está lleno de una serie de expectativas de lo que voy a vivir, descubro que el camino a veces está bien definido, otras veces se pierde y hay que buscarlo y otras veces no hay camino; está el riesgo de perderse y tener conciencia que hay que encontrar la forma de salir conservando la calma y continuar con una cierta confianza extraña pues uno sabe que está perdido, que uno intuye el camino pero no hay certeza.

 

En la medida que van llegando las otras personas empezamos a hablar sin saber con quien realmente está uno hablando; luego de un rato se inicia la negociación y se conocen las reglas de la misma, cada uno va hablando y expresando una posición, qué quiero comer, qué me gusta, qué no, qué colores veo, cuáles colores no vi, correr la silla para darle espacio al que acaba de llegar, dejar un puesto para el que pueda llegar, recordar los adagios populares, donde comen dos comen tres...  Nos dividimos tareas, vamos a comprar los ingredientes y en la compra negociamos algunos cambios. Estuve en un grupo con una persona de un carácter fuerte que se tomó el liderazgo de las compras, tenía la lista y supervisaba que cada ingrediente cumpliera con el acuerdo que habíamos hecho, un extranjero que administraba el dinero, un pequeño empresario, un indígena y dos niñas pequeñas con las cuales nos antojamos de comprar algo que no estaba en la lista, así que entramos en la negociación alegando que una de las reglas era estar abierto a las posibilidades del cambio, que era algo que la mayoría no había comido, etc... Terminamos las compras y luego nos dividimos las tareas de la cocina, arreglamos la mesa, servimos la comida y comimos con muchas ganas pues ya eran como las 3 de la tarde y todos teníamos mucha hambre.

 

Luego pasamos varias horas hablando; fue muy interesante ver como todos cambiamos y como nos hemos sorprendido al oír al otro contar la experiencia de un paradigma que produjo un cambio en su vida, todo lo que me había imaginado de varios de los participantes con los cuales hablé, me di cuenta que no tenía la menor idea de la vida de cada uno de ellos, aprendí de la fuerza para asumir la vida de todos los que participamos en esta cena.

 

Esta experiencia debemos vivirla todos, en pequeños grupos podemos compartir y acercarnos al otro, conocer nuestras diferencias y nuestras cercanías, lo que nos puede unir para lograr el bienestar de todos.

 

Un abrazo y muchas gracias.

 

 

Fernando Cruz

Artista visual